La culpa suele ser una compañera frecuente para muchas mamás, ya sea por haber tenido dudas sobre si querían al bebé en algún momento, por temer no ser suficientes, o porque el embarazo llegó sin esperarlo. También surge por pequeños movimientos, pensamientos o situaciones al creer que pudieron dañar al bebé. Incluso al ver que mientras crecen se alejan o no nos cuentan cómo se
sienten. Estos sentimientos son más comunes de lo que se dice, y es una pena que tantas madres los carguen en silencio, pensando que son las únicas, cuando en realidad, casi todas han pasado por lo mismo. Pensar y preocuparte de esta manera ya demuestra el inmenso amor y cuidado que tienes por tu bebé; ese mismo sentimiento es lo que te convierte en una buena madre.